home Derecho de Autor La creación intelectual como bien inmaterial; por Paula Peña

La creación intelectual como bien inmaterial; por Paula Peña

El intelecto produce ideas y éstas forman parte del conocimiento, por lo que cualquier creación de éste es parte de los llamados bienes inmateriales, aunque se manifiesten en bienes materiales y, al serlos, son susceptibles de valoración económica y protegidos por el Derecho, considerando que son de las manifestaciones más meritorias del ser humano y éste lo hace a través del sistema de la Propiedad Intelectual. Por lo tanto, el tan maltratado, violado, transformado, usurpado, plagiado, incluso “apropiado o reinterpretado” Derecho de Propiedad Intelectual, está  protegido por los distintos sistemas jurídicos que hay en cada país y diferentes organismos internacionales, a pesar de quienes insistan en negarlo. 

En la historia hay indicios de que ya en el año 25 A.C., Marco Vitruvio, arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano, escribió en su Libro Séptimo, que condenaba a quienes robaban los escritos a los demás y violaban sus pensamientos. Sin embargo, fue con la llegada de la imprenta en 1.440 que apareció la idea de protección de las reproducciones sobre las obras que eran impresas; pero fue hasta el año de 1.710 cuando se realizó la primera acción formal al derecho de autor en un Estatuto de la Reina Ana de Inglaterra, sobre el derecho exclusivo que tenía el autor a imprimir y reimprimir un libro por un lapso de 14 años desde su primera publicación y por 14 años adicionales si para ese momento aún estaba vivo el autor.

La Propiedad Intelectual tiene su origen, entendida como protección jurídica, en las discusiones para la aprobación del Convenio de París en 1.883, que llevaron a que un jurista belga llamado Edmond Picard definiera el derecho intelectual como aquel “…que corresponde al autor sobre las obras o producciones de su genio, de su inteligencia, de su gusto estético, de su trabajo mental…”.

Actualmente, distintos tratados internacionales que han sido suscritos por una gran cantidad de países y que en muchos casos son ley interna en varios de ellos, consideran que la propiedad intelectual debe ser protegida como un derecho humano, por cuanto es inherente a la persona, de naturaleza inviolable y así es universalmente aceptado.

Durante un tiempo se consideró a la propiedad intelectual como sinónimo de derecho de autor, concepción casi superada en la mayoría de los países, siendo ahora estimado el segundo como parte de la clasificación de la primera.

Así el Copyright y el Derecho de Autor son la parcela de la propiedad intelectual que busca brindarle protección a las obras literarias, artísticas, musicales, fotográficas, etc., contra el plagio y/o uso indebido que afecte al propietario de esos derechos.

Aunque se ha discutido en cierta medida si copyright y derecho de autor son o no sinónimos y a veces son entendidos y usados como tales, hay estudiosos sobre la materia que establecen una diferencia muy sencilla y fácil de recordar. Derecho de Autor es el reconocimiento de ciertos derechos morales al autor de la obra, es decir, a ser reconocido como el autor de la misma. El Copyright versa sobre el reconocimiento de los derechos patrimoniales de la obra, susceptibles de valoración económica y de su comercialización.

En artículos sucesivos seguiré abordando sobre este tema, que lamentablemente genera muchas confusiones y que su violación es justificada con conceptos erróneos, incluso por parte de profesionales que forman en al área artística a nuevas generaciones, lo cual más que enseñarlos puede llevarlos a cometer actos ilícitos que cualquier juez en el mundo no dudará en sancionar. Como abogado especialista en Derecho Mercantil, rama a la que le compete el estudio de la Propiedad Intelectual y artista visual, siento el deber y el compromiso de brindar luces sobre el tema, ya que, constantemente soy consultada sobre el tema.

 

Sobre la foto: La selección de la foto que acompaña el presente artículo, en donde se observa la Ley sobre Derecho de Autor venezolana, sin carátula, manchada y amarillenta, es totalmente intencional, como una alegoría a las violaciones de que es objeto.

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