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El juego entre la obra y el espectador

¿Qué implica jugar? El juego en su naturaleza representa por cuanto hace referencia a algo, establece relaciones, tiene un carácter comunicativo sin distancias que alejen a los participantes.

El ser humano juega desde siempre; ha jugado y seguirá jugando, no importa qué ni cómo, pero es una actividad implícita a la naturaleza humana.

Tomando en cuenta lo anterior, así como el juego es natural en el hombre, del mismo modo lo es el arte. Desde las primeras generaciones humanas, es decir desde la época de la prehistoria, el hombre busca representar la realidad que ve, siente o interpreta. De eso tenemos evidencia en aquellas pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira con aquél bisonte pintado en la pared de ésta.

El artista de ayer y de hoy tuvo y tiene el mismo propósito, éste es, comunicar algo a través de una invitación que le hace al espectador al colocarlos frente a frente y así se establece una relación entre ambos.

Esa relación genera una comunicación que se da en el mismo momento en el que se coloca el espectador frente a la obra, lo que produce un diálogo que puede llegar a transmitir una causa unida a una finalidad, o no necesariamente puede ser el propósito, ya que, como todo juego, puede que no la tenga directamente, se juega por jugar.

Esto nos lleva a afirmar que la obra entonces, no termina en sí misma, va más allá hasta de solamente suponer que esa relación empieza y culmina en el momento en que el espectador está frente a ella.

La obra no concluye al momento que el artista la considera culminada, por el contrario, está en un constante proceso de construcción y reconstrucción, por lo tanto es dinámica.

Con el juego entre la obra y el espectador se genera una experiencia, una actividad espiritual, pero será única y exclusiva para cada quien, por lo que de esa obra se desarrollará tantas relaciones como espectadores la vivan internamente.

Cabe señalar que el artista también juega un doble papel. De él emana la obra, pero al saberla terminada, culminando su rol de artista y cuando ésta adquiere independencia, pasa también a ser un espectador más ante aquella.

Bajo este orden de ideas, podemos afirmar que producto de las relaciones que se establezcan en este juego artístico, se llegará a un proceso reflexivo frente a lo que se percibe respecto a la obra, aunque esto no implique que sea el mismo que se haya planteado el artista, ya haya sido consiente o inconscientemente.

Es por lo anterior que ese proceso de reflexión al cual se llega, constituye el espacio donde se generará el juego en el arte y no importa ante cual período artístico nos encontremos, ya sea el de aquellas pinturas rupestres, las obras del Renacimiento, un Monet, Van Gogh, Cartier-Bresson, Sally Mann, Murakami o Bansky.

Por lo tanto, los invito a que cuando vean una obra, sea de la naturaleza que sea, recuerden que están en un juego, siéntanse libres de dejarse llevar por la experiencia, no se pongan ni un fin ni un propósito, presten atención al proceso de comunicación y de las relaciones que de la obra emanan.

 

 

Obra: Tropi-Made…
Collage Digital.
Autor: Efrain Ugueto Z
2016

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