home José Reinaldo Guédez, Palabr-Arte Una omisión:Robert Mapplethorpe; por José Reinaldo Guédez

Una omisión:Robert Mapplethorpe; por José Reinaldo Guédez

En la primera entrega de esta columna cometí un error; más que un error fue una prodigiosa omisión. Si, prodigiosa aunque ello pueda parecer un contrasentido y es que hay oportunidades en las cuales el mundo conspira para que pasen mejores cosas o al menos diferentes.

Al hablar de desnudo masculino, cometí la extraña omisión de dejar de hablar de unos de los fotógrafos que más me ha afectado. Omití  hablar de Robert Mapplethorpe, el genio de la fotografía que no era fotógrafo de formación, el artista plástico que prestado a la fotografía se convirtió en el más prolijo y controvertido del siglo 20.

Mi relación personal con Mapplethorpe comenzó con mi llegada a Caracas para estudiar Comunicación Social en la UCAB, por allá en octubre de 1989. No sabía quién era este señor, nunca había oído hablar de él.

Para mí a los 19 años la dimensión del hecho fotográfico se circunscribía al ámbito de lo social-familiar y a la moda; pero considerar que una fotografía fuese lo verdaderamente sublime para afectarte a tal punto de reconocerla como una verdadera obra de arte (sea esto lo que sea), no estaba en mis expectativas y mucho menos que el desnudo masculino fuese algo más que pecaminoso (¿les conté que había sido monaguillo en Maracay?)

La verdad mi encuentro con el fotógrafo fue más que demoledor; representó una pulsión que en su momento me sonrojó y me hacía ver de reojo la sala 1 del por entonces Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, no porque me horrorizara lo que estaba viendo, sino por el miedo tonto y provinciano de que me vieran admirando la belleza desnuda de dos hombres en hermosa sincronía.

Como dije no conocía al artista, por ende partiendo un poco de la base de lo que expresé en la columna anterior, el peso de su firma para mí no era preponderante. Sólo la serie de imágenes de Ken Moody y Robert Sherman de 1984, bastaron para que mi visión del mundo y de lo bello fuera intervenida por la obra de Mapplethorpe, quien recién moría en marzo de ese 1989.

Ken Moody and Robert Sherman,1984

La exposición era 5X5, curada por Ann Horton y que celebraba los 150 años de la fotografía y en ella se reunía el trabajo de 5 fotógrafos venezolanos y 5 estadounidenses prominentes.

Cuando empecé a escribir esta columna, el tiempo coincidió con la conmemoración de los dieciocho años de la desaparición de Mapplethorpe, una mera casualidad, que desde el punto de vista de las circunstancias tiene más características de causalidad. Como expresé, hay momentos en los cuales tu mundo conspira para que ciertas cosas pasen y en mi caso, fue para escribir sobre un fotógrafo que admiro.

El trabajo de Mapplethorpe, escandaloso y hermoso a la vez, ha generado controversia desde el inicio. Aun hoy en día en una sociedad que se dice liberal, la foto de un puño introducido en el ano de un hombre seguirá siendo la foto de un puño en el trasero de un hombre, (con todo la carga de escándalo que ella genere). Él decía “Busco lo inesperado, busco cosas que no he visto antes” y cabría decir, nos mostró cosas que no habíamos visto antes … y que no volveremos a ver.

En el mundo pasan cosas más grandes para escandalizarnos; pero la capacidad de asombrarnos se fue con él. Si bien el tema sexual fue lo que le dio notoriedad al trabajo de Mapplethorpe, no hay que dar por tierra con el valor compositivo y técnico de la obra de un artista que llegó a la fotografía en la búsqueda de hacerse de material para sus collages a principio de 1970.

“Creo que las fotos relacionadas con la sexualidad son, probablemente las más fuertes que he hecho, son las que la gente recuerda más porque son únicas. También sobresalen del resto porque reflejan el impacto de un sentimiento sexual interno. Son más intensas, si bien no creo que sean más importantes que el resto de mis fotos”, dijo el artista en una oportunidad, y así se ve reflejado en el documental de HBO, Mapplethorpe: Look at the Pictures, dirigido por Sascha Bailey y Randy Barbato, estrenado el 20 de febrero del año pasado (2016).

El documental hace un recorrido por la obra de Robert Mapplethorpe y, de cómo su obra fue encumbrándose hasta el sitial que tiene hoy en día. Un recorrido de la mano de quienes fueron sus modelos, amantes, críticos, investigadores, familia y amigos.

Viéndolo, conocí más de Robert y caí en cuenta que la genialidad pasa inadvertida muchas veces ante nuestros ojos, tal como pasó por delante de la escritora Fran Lebowitz, quien confiesa que Mapplethorpe le regaló obras originales, a las cuales no les prestó mayor atención en su momento a tal punto de extraviarlas … hoy lo lamenta. A mi entender la firma aún no estaba validada por el entorno.

En 1996 viajé a New York, iba de técnico de mis amigos de Neodanza. Estaba dando mis primeros esfuerzos en el mundo de la fotografía y por casualidades del destino presentaba una pequeña exposición de mi obra en el Lobby del teatro La Mamma E.T.C. en el Lower East Side. Era un grupo de fotografías dentro de las cuales estaba una serie de imágenes homoeróticas que había hecho para el espectáculo de danza “Malo por naturaleza”; eran más bien trabajos ingenuos viéndolos hoy a través del cristal que otorga la distancia en el tiempo.

Reinaldo Guédez “Malo por Naturaleza” 1994

Yo tenía 27 años y aún lo buscaba a él, quería ver más de su fotografía, quería entender más de la fascinación y cuestionamientos que generaba su obra. A pocas cuadras me esperaba, le encontré en las manos de un buhonero (si en NY también los hay). Era el libro que la Fundación Robert Mapplethorpe editó en 1992.

Robert Mapplethorpe Foundation
Primera Edición 1992

Corrí a mi habitación en La Mamma y me metí en la cama con él, maravillado de su obra y de la oportunidad de verla junta en esta publicación. Hoja a hoja disfruté el libro, me sorprendí con lo elegante de sus retratos, me maravillé de ver a Carolina Herrera en sus páginas, de ver fotos de niños, de ver la elegancia de sus flores, de ver un crucifijo sin su cruz, de que él artista me hablara y de por instantes sentir que conversábamos.

Carolina Herrera, 1979

 

Cala 1988

Al final su autorretrato de 1988, el último, me produjo llanto… aún lo produce. Un Mapplethorpe desenfocado empuña un bastón con la imagen de la muerte; como la suya, la muerte es inesperada.

Autorretrato 1988

 

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